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De la peste ateniense (430 a.C.) al covid19 neoyorkino (2020 d.C.)

: 02-06-2020 : 0 Comentarios


Noticia De la peste ateniense (430 a.C.) al covid19 neoyorkino (2020 d.C.)

Artículo de: Antonio Ruiz Castellanos
antonio.ruizcastellanos@uca.es                                              

El pasado nos da lecciones para interpretar los acontecimientos del presente. No se pierde el tiempo mirando la actual pandemia del covid19 a la luz de una de las más antiguas, de la que consta un relato por escrito casi exhaustivo, la peste de Atenas que brotó en 430 a.C., al poco de nacer la Democracia en Atenas. Repetimos las mismas preguntas que se hacían hace 2.450 años ¿De dónde ha venido esta peste? ¿Hay un culpable? La velocidad y modo de su propagación, su letalidad. ¿Cómo es que afecta a todo el mundo (desde Wuhan a N. York)? ¿Cómo evitar el contagio? ¿Da inmunidad el haber sido afectado y sobrevivir? ¿Habrá un rebote si se logra frenar la pandemia? ¿Podemos confiar en las autoridades sanitarias? ¿Estará controlada y mediatizada la OMS por los intereses corporativos y los beneficios de las grandes transnacionales farmacéuticas? ¿Realmente no hay tratamientos exitosos contrastados y otros erróneos?[2] ¿Podemos confiar en la OMS? ¿Hay razones para dudar? ¿Quién hace frente a la crisis económica y social que lleva aparejada?  

Vivíamos hasta el 29 de febrero (este año es bisiesto) en una atmósfera distinta: el telediario sólo hablaba de pactos de gobierno, del tema catalán, la caja de las pensiones; se decía que teníamos la mejor sanidad de Europa y el hambre del mundo no nos afectaba…  También la ciencia creía estar en otra órbita: Dentro de poco seríamos como dioses, Homo deus: Breve historia del mañana (el libro de Yuval Noah Harari con un millón de ejemplares vendidos), casi inmortales mediante programación de nuestro ADN, mediante prótesis que sustituyen nuestros órganos (como si fueran de usar y tirar), seríamos como cyborgs que funden su mente con el ordenador.

Pero ahora la peste nos ha devuelto a nuestro estado natural; somos biología de la más elemental, somos víctimas de un miasma cualquiera, aunque tenga locos a los científicos de todo el mundo; somos de nuevo mortales, y ¡qué clase de mortandad! Nada nos ha de extrañar: la Peste de Atenas en Tucídides sigue a la euforia del Discurso de Pericles, y la Peste en Lucrecio al Progreso científico del libro V de su obra La Naturaleza.

La peste ha sido el azote de la Humanidad en todas las épocas históricas (de las prehistóricas ni hablamos): al menos desde las Plagas de Egipto (Éxodo 11.5) hasta las plagas contemporáneas: La gripe “española”, la del VIH, cuyos  efectos nosológicos, poblacionales, sociológicos e incluso psicológicos estamos sufriendo todavía (basta con decir que en pleno siglo XXI hay 37 millones de afectados por el sida) y ahora la pandemia del Corona-virus, (tras el Mers y el Sars, coronavirus anteriores) que está causando una mortalidad millonaria. Ha sido también un tema literario clásico: Ya en la primera obra clásica, la Iliada (1.42-53) se desarrolla el sitio de Ilión en medio de una peste enviada por Apolo en castigo por un delito religioso que se purifica a base de rituales[3].  Pero la obra que primero ha descrito literariamente la peste detallando los síntomas, la más conocida e influyente entre griegos y romanos, ha sido el relato de Tucídides sobre la peste que asoló Atenas el año 430 (y que el propio autor padeció) en su obra La guerra del Peloponeso (GP). Este mismo hecho histórico de la Peste de Atenas es rememorado por Lucrecio en su libro La naturaleza (DRN)[4]. Es también un tema literario contemporáneo: Albert Camus o Alejo Carpentier han escrito sobre la peste.

ANSIEDAD ANTE LA PANDEMIA

Lo que en este momento del siglo XXI nos preocupa, en lo que se centran nuestros miedos ante el corona-virus o covid-19, como les preocupó a griegos y romanos, a Tucídides y a Lucrecio en las pestes que sufrieron ellos es ver a la Medicina boquiabierta y aprendiendo sobre la marcha, el estrés de los sanitarios y de las funerarias, ver acumulándose a la puerta de las UCIs a los afectados y en las morgues los cadáveres como ganado; ¿cuánto va a durar este estado de cosas? ¿cómo podemos librarnos del virus?

LAS FUENTES

Tucídides (1.22.2-4) es contemporáneo de la peste de Atenas y la sufrió él mismo: “... en cuanto a los acontecimientos que tuvieron lugar en la guerra,… relaté cosas en las que yo mismo estuve presente o sobre las que interrogué a otros con toda la exactitud posible... Me conformaría con que cuantos quieran enterarse de la verdad de lo sucedido y de las cosas que alguna vez hayan de ser iguales o semejantes según la ley de los sucesos humanos, la juzguen útil. Pues es una adquisición para siempre y no una obra de concurso que se destina a un instante”. La peste de Atenas ocurrió desde el verano del año 430 a.C. hasta el verano del 428; se cortó y rebrotó en el invierno del 427/6 una segunda vez hasta el invierno del 426/5. Duró por tanto cinco años. Fue una peste muy encarnizada que acabó con un cuarto/un tercio de la población.

No es el caso de Lucrecio que la estudia 400 años después. Pero eso no lo inculpa, por más que. Victor Hugo tache a Lucrecio de nihilista por haberse ocupado de este drama[5]: “Ont-ils des Spinoza qui frappent aux murailles, / des Lucrèce niant tout ce qu´on a rêvé, / qui du noir infini feuilletant les registres / ont écrit: Rien, au bas de ses pages sinistres, / et penchés sur l´abîme ont dit: L´oeil est crevé”. Su descripción es un episodio localizado al final de la obra,[6] entre otras muchas emergencias naturales. El hecho de constituir el último fenómeno mirabile de los múltiples que se examinan en el libro, le ha dado ese carácter simbólico de pesimismo que se quiere ver en Lucrecio.

¿DÓNDE SE ORIGINÓ? ¿A QUIÉN ECHAR LA CULPA?  

 El miedo se proyecta hacia un culpable: en vez de calificarla por su especificidad médica, es mejor llamarla “gripe china” porque el primer brote lo fue en Wuhan. Mientras que Tucídides (GP 2.48.1-2) habla del posible envenenamiento de los pozos del propio puerto ateniense del Pireo, Lucrecio atribuye el origen a Egipto (DRN 6.1138-1143): “Esta es la explicación de aquella infección mórbida y el brote potente de muerte que llenó en otros tiempos de duelo las tierras de Cécrope, devastó los caminos y despobló sus ciudades. Viniendo del interior de Egipto, en donde había surgido, atravesó un vasto espacio por el aire y las planicies del mar fluctuantes y finalmente se echó sobre el pueblo entero de Pandión”.

¿SIN MEDICINAS? NI VACUNAS

Hoy nos escandaliza lo que oímos de los médicos: que están aprendiendo en estos meses sobre el virus. Tucídides (GP 2.51.1) insiste en la extrañeza (atopia) de algunos síntomas, en el comportamiento aberrante de la enfermedad y en la dificultad para caracterizarla. No se conocía la causa concreta de tanto contagio ni el correspondiente antídoto.

Pero la única actitud positiva ante la pandemia es la confianza en la Medicina, y su actividad racional. En lo que hacen los investigadores de todo el mundo hoy día, buscando el genoma del virus, los síntomas, el distanciamiento social, la búsqueda de una medicina que lo contrarreste o una vacuna. Toda investigación consiste en la búsqueda etiológica de la enfermedad: conociendo los síntomas se diagnostican o conjeturan las causas o los síntomas que faltan para completar el cuadro clínico. Tucídides renuncia a explicar las causas de la epidemia, sólo pretende describirla (GP 2.48.3): “Cada cual, médico o profano, que saque sus conclusiones sobre el origen de este mal, y sobre las causas que cree que están operando semejante trastorno”. Y sigue: “Yo, por mi parte, voy a contar cómo fue y expondré los indicios a partir de los cuales uno que los examine, en caso de que de nuevo vuelva a atacar, podría diagnosticarla mejor por contar con una idea previa, al haber estado yo mismo enfermo y haber visto también a muchos otros padecerlo”.

En cambio, Lucrecio dirá: “voy a explicar ahora a) cuál es la causa de la enfermedad b) y la procedencia de este brote súbito maligno, c) capaz de esparcir la muerte entre los humanos en masa y entre los animales en manadas.” Tres aspectos causales como se ve: las causas o fuerzas (dynameis, vires) que contienen tanto poder contaminante, su procedencia y finalmente la sintomatología del fenómeno de la epidemia[7].

ETIOLOGÍA Y TRANSMISIÓN DE LA EPIDEMIA

La descripción de Tucídides tiene la secuencia propia de una etiología pronóstico. Vivian Nutton (2000: 65), citando a Herodiano, Historiae 6.6-2 (donde se narra una peste sufrida por el ejército de Alejandro Severo en el 232 p.C.), dice que la Medicina en la antigüedad consideraba la peste como una mera inadaptación al clima, no como la versión oficial que nos trasmiten hoy de contaminación por gérmenes, al margen de los cambios en los ecosistemas y el clima.

Lucrecio hace radicar en los gérmenes y su transmisión la causa de la epidemia: “[…] señalé antes en primer lugar que hay gérmenes de numerosas sustancias que producen la vida y, por el contrario, seguramente hay otros diseminados por el aire que producen la enfermedad y la muerte”. Es Lucrecio el primero y el único en hablar de gérmenes contagiosos, semina morbi, antes de llegar al De contagionibus de G. Fracastoro, aparecido en 1546. Lucrecio como los médicos epicúreos (Asclepiades, Celso y Sorano) hace radicar la intoxicación en la incompatibilidad (DRN 6.773-776) de las diversas sustancias y los receptores del cuerpo vivo.

Véase el parecido metodológico por la siguiente información. Madrid, 27 mayo (EFE).- “Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) lidera un proyecto para desarrollar fármacos antivirales que impidan el transporte del coronavirus SARS-CoV-2, causante de Covid-19, dentro de las células, algo esencial para evitar su propagación por el organismo. El estudio se centra en los micro-túbulos, una estructura intracelular que podría ayudar a impedir el transporte del virus y a prevenir la hiper-activación del sistema inmunológico que desencadena la ‘tormenta de citoquinas’ durante el agravamiento de la Covid-19”.

La etiología es la búsqueda de un tipo de causa dinámica, una aitia o causa llena de potencia mórbida, que sea capaz de explicar tanta mortandad, como lo demuestra (PB 2.50.2; 2.50.1) el hecho de que incluso los animales carroñeros no se atrevieran ni a respirar el aire contaminado, menos aún a probar la carne de los cadáveres; no salían de sus guaridas. El perro fiel era el único en morir aullando lastimeramente por las calles, mientras esperaba a sus dueños. Pero también su transmisión a través del aire, del agua, de los alimentos y del medio sólido (DRN 1119-1137): “Seguidamente este nuevo contagio o pestilencia, o cae en las aguas, o se deposita en los mismos frutos del campo o sobre otras substancias que son alimento del hombre y pasto del ganado, o también permanece suspenso en la misma atmósfera, y no podemos respirar este aire contaminado sin hacer penetrar su infección en nuestro cuerpo.

            Corrupción: cielos, aguas, alimentos, aire  → respiración, ingesta  → peste

Obsérvese el interés ecológico que tienen los autores[8]. Sin embargo ni Tucídides ni Lucrecio aluden al contacto corporal por contingencia.

UNA AGONÍA SIN SEDACIÓN

Ambos autores describen las transformaciones y disfunciones fisiológicas y psicológicas que producía la peste mediante la enumeración de los síntomas. Se inicia la descripción de los síntomas progresivos de descomposición de los afectados. Se van recorriendo los distintos miembros del cuerpo siguiendo el eje cabeza-extremidades desde los vv. 1144-1181: cabeza (1145-1146), fauces (1147-1150), pecho y corazón (1151-1167), vísceras (1168-1181). Tucídides: “La enfermedad recorría todo el cuerpo, de arriba abajo, comenzando primero por asentarse en la cabeza...”

Se describe seguidamente la agonía en su momento crítico (DRN 1182-1196): La tensión agónica se marca mediante una descripción de los síntomas de forma paratáctica a la carrera. Al final Lucrecio (DRN 6.1208-1214) describe “el instinto de supervivencia”, el “agarrarse a la vida” a costa o a pesar de las graves mutilaciones y pérdidas tanto de miembros como psicológicas que sufrían: la pérdida de los ojos que llegaban a arrancárselos y amnesia
 
LA DESESPERACIÓN: En el fragmento del DRN (1230-36 & 1245), se habla de la desesperación de los afectados, que constituía un factor de muerte añadido. Puede parecer exagerado que la desesperación produzca la muerte; pero también Tucídides mantiene que la athymia privaba de la capacidad para resistir a la peste (GP 2.51.4). Es un círculo vicioso: la reacción de desesperación ante una muerte cierta, llevaba a la muerte.

¿INMUNIDAD?

Tucídides demuestra tener conocimientos más avanzados que la Medicina de su época al reconocer esta “specific acquired immunity” de los afectados que habían sobrevivido. Lucrecio no lo sigue en esto. Los médicos hoy dudan de la inmunidad del covid19 o al menos reducen su duración. Los resultados de los test de prevalencia en España son de un 5%, lejos del 60% que crearía una barrera que impediría la libre circulación del virus.

EL PÁNICO Y LAS SEGUNDAS VIVIENDAS:

Lo primero es la actitud inevitable de miedo al contagio y la búsqueda de su evitación.  En este momento de desesperación uno se pregunta: ¿qué puedo hacer por mí y por mi familia? Estamos ante una situación patética, no ética, para la que no cabe más esperanza que la posible curación médica o la huida. El frag. 339 Usener de Epicuro dice: “sobre cualquier otra cosa se pueden tomar medidas ante una necesidad, pero en lo que respecta a la muerte, habitamos todos una ciudad sin murallas”. La llegada a Atenas de los campesinos (que venían ya afectados desde sus aldeas) y su hacinamiento en pleno verano fue un factor agravante y propagador de la Peste incrementando el número de apestados (DRN 6.1252-1271). A su vez los atenienses también escapaban de la urbe: “Y lo mismo da que nosotros, buscando el cobijo de otro cielo, emigramos a países que luego nos son insanos (…) o cualquier otra cosa contraria a nuestras costumbres, capaz de hacernos enfermar con su repentina llegada. “

LA SOLEDAD Y LA SOLIDARIDAD, ATENCIÓN A/DE LOS PARIENTES:

Muchos desasistían a sus parientes por miedo al contagio y otros dentro de su impotencia se esforzaban por cumplir con el obsequio de los funerales (DRN 6.1237-1246). Hoy día los familiares se quejan de no haber podido acompañar en las UCIs y residencias de mayores a sus parientes en la agonía. Quizás el aspecto más positivo, al menos en España, de la pandemia haya sido la solidaridad que ha surgido individual y colectivamente.

RITOS FÚNEBRES (DRN 6.1272-1286)

Las familias se quejan aún más por la forma en que se ha tratado a los cadáveres: de forma casi anónima, como ganado, encerrados en morgues esperando su funeral, sin poder asistir más que tres personas al entierro. En la antigüedad no había hospitales (los hospitales son invención árabe, véase El Médico de Noah Gordon): los moribundos estaban tirados por las calles y sus cadáveres iban a parar a los templos. La iniciativa de alojar a los apestados y pordioseros e incluso utilizar los templos como depósitos de cadáveres, no fue de las gentes movidas por un supuesto desprecio a los lugares sagrados (como afirma Tucídides, GP 2.52.3), fueron precisamente los sacristanes (aedituentes), los que lo hicieron y por razones humanitarias: “el dolor apremiaba por encima de cualquier consideración”. Hoy han sido las Asociaciones de Vecinos y las propias comunidades las que han cumplido este papel ante la desaparición de determinadas instituciones públicas. Los enterramientos constituían un aspecto importante del culto que se vio depreciado por la necesidad: “ni tan siquiera el rito fúnebre de la inhumación se observaba, rito con el que había acostumbrado aquel pueblo a enterrar a sus muertos”; no podían seguir haciéndose con la ceremonia y dispendio acostumbrados por falta de medios. La incineración, que sustituyó al enterramiento, se hacía para abreviar el funeral y ahorrar medios, hasta el punto de tener que robar los parientes las piras de otros. “En esos momentos la religión y sus ritos quedaban suspendidos; el dolor presente lo dominaba todo”. Y todas las familias tenían parientes afectados o muertos (DRN 6.1237-1251).  

CONSECUENCIAS SOCIALES y POLÍTICAS

Se produjo en Atenas tras la epidemia, según Tucídides (GP 2.53.1), una gran anomia: falta de respeto a la ley. Hoy vemos de nuevo la anomia traducida en la falta de acatamiento del aislamiento, en el hecho de que miles de personas evadan la cuarentena y salgan a las calles bajo el lema de la libertad de movimiento. Demuestra a la vez una desconfianza en el gobierno como conductor (asesorado por los especialistas) del estado de alerta. El gobierno ha asumido una tarea demasiado compleja: legislar a base de reglamentación, por lo que tiene que ir cambiando día a día. Eso lo hace menos fiable por las fallas y contradicciones ante la opinión pública, y los partidos de la oposición lo aprovechan (incluso lo engordan a base de fake news), y aducen el derecho humano a la movilidad.

El abandono de las buenas prácticas ecológicas, la no separación de contenedores durante la pandemia, manifiesta el poco valor que le asigna la Administración a la Ecología. Incluso el material de mascarillas y guantes está causando problemas para los que no hay nada previsto.

REPERCUSIONES MUNDIALES

Daniel Innerarity afirma en su libro Pan-democracia: “Podríamos decir que nuestros instrumentos de gobierno están diseñados para gestionar epidemias y no pandemias, en tanto que son instituciones locales y no globales. De ahí la primera sensación de impotencia frente a un fenómeno que exige una mayor integración política de la humanidad, en la línea de fortalecer las instituciones transnacionales o la gobernanza global y, en general, una transición hacia formas de inteligencia cooperativa, claramente insuficientes en el mundo en el que vivimos. La definición de democracia apunta a que todos los afectados por una decisión deben poder participar en ella, a que debe coincidir la comunidad de los afectados con la de quienes deciden. En este sentido, la crisis del coronavirus sería un acontecimiento pan-democrático, como todos los riesgos globales. Se da la paradoja de que un riesgo que nos iguala a todos revela al mismo tiempo lo desiguales que somos, provoca otras desigualdades y pone a prueba nuestras democracias”.

¿Cómo están de preparados los sistemas sanitarios de cada país? ¿Están corrompidos por las grandes industrias farmacéuticas? ¿Y los sistemas socio-sanitarios? Ya sabemos que 2/3 de los muertos por covid19 proceden de las residencias de ancianos. Cuando la sanidad es considerada como un derecho y bien común que hay que salvaguardar se da prioridad a la sanidad pública preventiva y, especialmente, a la atención primaria; mientras que cuando es considerada como una mercancía (cuanto más enfermos mayor beneficio) se desmantela la atención comunitaria y primaria y se centra en hospitales para curar, convirtiéndola en consumidora de fármacos ¿Hay una correlación directa entre infección/letalidad y sistema público o privado de sanidad? Y en la era de la información y transparencia ¿existe correlación directa entre las redes de residencias de mayores (domiciliadas encima en paraísos fiscales) y los excesivos casos de infección y muertes en Italia, España, Francia, Bélgica y Reino Unido?

¿Qué repercusiones económicas va a tener la pandemia? ¿Qué países o grandes Corporaciones farmacéuticas van a beneficiarse de los muertos, que ya se aproximan al medio millón? Las inversiones en material sanitario han sufrido sobrevaloraciones por culpa de las mafias internacionales, ¿va a ser igual con la industria farmacéutica cuando se encuentre el antivirus o la vacuna? ¿No sería más lógico que fuera la Humanidad en cooperación la beneficiaria del bien común que va a suponer la innovación farmacéutica? Y todavía tenemos suerte porque esta vez no se acompaña la pandemia, como ocurrió casi siempre, con la guerra, aunque estemos en medio de una guerra comercial insolidaria e inhumana. Hay una lección que el covid19 nos ha enseñado en España: Tenemos que cambiar el sistema de sanidad y la atención socio-sanitaria convirtiéndolos en públicos. Eso es la única garantía frente a futuras pandemias.

Como hace 2.450 años la mejor vacuna es el fortalecimiento de los sistemas inmunológicos de las personas basado en una alimentación sana, en el ejercicio físico, en un entorno medioambiental equilibrado, viviendo en una comunidad solidaria y cooperativa que dote de sentido vital la existencia: el bien común de la propia comunidad a la que se pertenece. Esta reforma es imposible con el actual sistema capitalista de salud en que han convertido la sanidad de España.
Bibliografia

ALSINA, J. et al. La Medicina Hipocrática. Madrid, 1976.

GUZMÁN GUERRA, J. Tucídides: Historia de la Guerra del Peloponeso, Madrid 1989.

NUTTON Vivian: “The seeds of desease: an explanation of contagion and infection from the

Greeks to the Renaissance”. Medical History, 27, 1983, pp. 1-34.

VALENTI FIOL. Lucrecio: Sobre la Naturaleza. Barcelona, 1961.

[1] Departamento de Filología Clásica, Fac. Filosofía y Letras, Universidad de Cádiz.  

[2] ¿Por qué en Europa se ha utilizado la hidroxicloroquina, ahora no recomendada por la OMS, cuando ya se les ha transferido miles de millones de dólares a la propietaria de su patente, y no el interferón utilizado en China, Vietnam, Cuba y Rusia con demostrado éxito desde el primer momento?

[3] De ser un tema religioso pasó la peste (loimos) a ser tratada científicamente en el Corpus Hipocrático: así en Prognostica y en De epidemiis I & III (obras que se admite son auténticas y de finales del s. V. En De aere la infección colectiva se hace recaer sobre el medio ambiente que respiran todos los habitantes de un sitio: pneuma y miasma. Galeno describe también una peste que sufrió y de la que sobrevivió (165).

[4] Pero no es el único escritor latino que se ha ocupado del fenómeno; el propio Virgilio la ha tratado en las Geórgicas 3.474-566; y Livio, Desde la fundación de la Ciudad 3.6.2-7; 25.26.7-11; Ovidio, Metamorfosis 7.523-613; Manilio, Astrología 1.880-895; Séneca, Edipo 110-201; Lucano, Farsalia 6.80-105; Silio Itálico, Púnica 14.580-617. La peste de la época de Justiniano (541 p.C.), que describe Procopio. Las pestes medievales, especialmente la Bubónica. Las pestes causadas por los europeos en la conquista de América.

[5] Hugo, V. Les Contemplations, XXX, Magnitudo parvi. 1856.

[6] igual que hacen otras doxografías; así las recogidas por Aecio, Epitome a Plutarco (III i-iv7) y las Eclogae de Estobeo Diels, H. Doxographi Graeci, 1879:442-444. Es interesante la correspondencia (p. 158) entre Lucr. VI y Aetius III i-iv8.

[7] Sin embargo, todavía no se sabe cuál fue la etiología exacta de la Peste de Atenas. No hubo ni hay hoy un diagnóstico cierto sobre las causas de la peste histórica de Atenas. Si fue la viruela la causa, o si fue el sarampión, si fue tifus exantemático, la peste bubónica o gripe pandémica, la fiebre tifoidea, escarlatina, fiebres de Malta o brucelosis, leptospirosis icterohemorrágica, tularemia; fiebre de Evola, etc. O si fue sencillamente un envenenamiento, como también se sostiene. Y por lo tanto tampoco había un remedio o contraveneno específico para contrarrestar la causa que lo producía.

[8] Para la transmisión, tanto Lucrecio como Tucídides siguen el tratado hipocrático Sobre los aires, las aguas y lugares, caps. 1-11.

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